Despertador Digital

Loco de la guerra.. Loco por la guerra

5 Mayo, 2017

Por: Ramon Abalo

Todo emprendimiento institucional del macrismo apunta a los intereses del pueblo. Su alter ego.  El ministro de Energía ha afirmado un nuevo aumento de las tarifas del gas; las cifras de la economía en plena picada mientras que las cifras de la canasta familiar en fuga hacia arriba; de prepo se anulan las paritarias de los trabajadores -el de los maestros es un reflejo de la esencia antipopular del gobierno- y lo peor aparece a diario en los proyectos de la elite gubernamental.

No los conmueve el malestar popular, menos el dolor de ser -nuestro pueblo, nosotros- tratado como hacían los capangas de los yerbatales y de otros trabajos, como hace decenas de años atrás. No tan atrás, porque  en el presente es una reiteración artera de lo que hasta hace un poco menos de dos décadas esa elite impuso a la Argentina toda cerrojo de sus anhelos y de sus derechos a ser parte principal de la renta de la riqueza del país. Nada menos que la casi totalidad de la plusvalía de su fuerza de trabajo. La prueba contundente lo dicen las mismas cifras: la Argentina produce alimentos para dar de comer a 400 millones de personas por año. Pero los bolsones de pobreza avanzan como una peste: el último año los pobres aumentaron en UN  MILLON DE PESONAS y LOS SUPER POBRES, en 6oo mil. Pero claro, la lacra, la peste que mata es acción depredadora del macrismo, tan sólo lustrabotas de sus mentores del imperio del Norte.

Esta afirmación se refuerza casi cotidianamente con las decisiones que a diario son lanzadas desde los despachos de la Casa Rosada, tal lo conocido hace una semana: el país que se quiere afirmar es de un profunda y deleznable neoliberalismo, con aristas que perfilan lo peor, como es el que ha dejado en descubierto el mismo sistema cuando se supo del proyecto un escenario guerrerista dependiente en la estrategia del poder universal norteamericano. La cuestión es pública al conocerse una gestión, hace varios meses antes de ahora, del embajador en yanquilandia Martín Lousteau en la que solicita una extensa lista de armamento bélico a EEUU por una suma mayor a los 2.000 millones de dólares. Además pide que se incluya al país en el presupuesto yanqui de asistencia a operaciones extranjeras. Se trata de un listado que contiene diversos modelos de aviones y helicópteros, tanques, misiles, submarinos y naves, todo, todo armamento bélico de última generación.

Se supone, con mucha razón, que gran parte de armamento será para  el llamado por ellos “combate antiterrorista y la delincuencia narco“, como se trata de disfrazar lo que en verdad es y será cada vez más aguda, la represión a la protesta social que ha ganado masivamente las calles de toda la República.

Y aunque la Argentina no tiene ninguna hipótesis de conflicto en sus fronteras geográficas, no tiene goyete ese avituallamiento de tanto armamento sofisticado y poderoso para acciones de guerra que la no se tiene memoria.   Es la duda cruel que nace de la mirada pro capitalista, oligarca pro imperialista que se le nota en toda su carnadura ideológica al macrismo.

En efecto, al comprobarse que no existe ninguna señal para una acción bélica contra algún vecino, la hipótesis no deja de lado algo mucho más peligroso, que es  el desprecio a la todavía complementación económica y política de la región latinoamericana visibilizada en el Mercosur. Esa fobia, cuando el neoliberalismo de la derecha fascista avanza en nuestras fronteras, y al mismo interior, es lo que entendemos de ese proyecto bélico: ser el brazo armado, mejor dicho parte de él, de las aventuras guerrerista del amo en todo el mundo. Pero fundamental en el intento, seguro, de avanzar sobre la región a todo tiro y fue contra lo que queda, especialmente en Venezuela y Brasil. La Argentina como ariete contra esos vecinos y por ahora amigos.

Como nunca, si ese proyecto aparente descabellado se llega a concretar, pondrá en belicosos al servicio de lo peor.

Claro, no existe en nuestra historia de siempre ningún rasgo proimperialista, ni siquiera aquella aventura desgracia de la guerra de la Triple Alianza, o sea de Argentina, Uruguay y Brasil contra Paraguay. Estamos más que seguros que ganando las calles, eso no lo permitiremos. Sin eufemismo alguno, vale decir que para impedirlo todo el pueblo argentino no será reticente de entregar hasta su vida.

Fuente: La quinta pata

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