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23 septiembre, 2019

Hordas de jóvenes invadieron las calles de Lavalle para dar vida a una «dantesca fiesta»

  •   Por El Despertador

           

Por Augusto Vonkunovsky

Este fin de semana se llevaron a cabo todas las actividades relacionadas con el festejo del Día de la Primavera y el del Estudiante. Planeadas y esperadas largamente por los jóvenes de Lavalle, fueron recibidas con alegría y emoción por los más pequeños y adultos. Los interminables debates sobre los nombres de la promoción, los colores o las temáticas de las comparsas, todo eso se empequeñece a la hora de mostrar frente a la comunidad sus logros.

Meses de planeación empezaron a dar sus frutos en la tarde del viernes. Cuando, haciéndose un tiempo entre los festejos de sus días, decenas de estudiantes se congregaron en el estacionamiento del Parque Nativo para dejar su sello en él. Las promociones del departamento fueron las primeras en estrenar el pavimento con este fin, pues generalmente las pintadas se realizaban en la explanada municipal. Para el deleite de los interesados, los jóvenes lucieron sus habilidades con coloridos y extravagantes diseños que convirtieron en cálido pavimento en una indeleble muestra de sus habilidades artísticas. Pero esto era solo el prólogo de lo que vendría.

 

 

Desde el mediodía del sábado, hordas de niños, jóvenes y adultos concurrían con sus atuendos y estructuras a la plaza departamental. Poniendo a punto los títeres y muñecos, picando papel o buscando alguna cosa de último momento, transcurrieron las últimas horas antes de inicio de la Farándula. Pero no sólo los que desfilarían se estaban preparando. Desde temprano también, se empezó a erigir el escenario desde el cual los locutores y artistas darían la bienvenida a los asistentes. A los lados de la ruta establecida, los eximios cocineros ponían a punto lo necesario para deleitar con manjares a todos los participantes en esta fiesta.

La fiesta debutó una puntualidad bien recibida por los espectadores, que estábamos malacostumbrados a los continuos retrasos. Esta vez se cumplió el horario de inicio pautado para las nueve en punto casi sin contratiempo. Abrieron la marcha multitudes desenfrenadas de estudiantes agrupados por los colores de sus promociones, pero unidos por la excitación y la felicidad inmensa de lucir sus banderas y distintivos. Pero, lejos de marcharse, volvieron pronto sobre el escenario y sus alrededores para asistir a la elección de aquella que durante el próximo año los representará como Embajadora. Tampoco luego de esto se retiraron, haciendo gala de una resistencia incomparable, los mismos jóvenes que pasaron todo el viernes de festejos por el Día del Estudiante, y ese mismo sábado poniendo todo a punto para su aparición, les sobraban energías para asistir al resto del evento, del que se sienten, con justicia, protagonistas.

 


Los estudiantes se desconcentraron e invadieron los lados del camino principal, el improvisado patio de comidas, cada esquina de la plaza. Mientras bandas en vivo daban vida a la festividad, muchos volvían para apoyar a los que esperaban, ansiosos por aparecer, en las comparsas. En grupos de pocos o cursos enteros, agrupados por sus colores o juntándose en coloridos grupos con sus amigos que pertenecían a distintas promociones. Lo que ocurre es que, aunque en ella también tomen lugar niños y adultos mayores, la farándula es, por su naturaleza, una festividad de los jóvenes. Ni los niños con su sueño anticipado que los hace romper filas y perder el interés a minutos de hacer su aparición; ni el estrés de los padres por que todo salga bien y según lo planeado; nada consigue distraer la atención de la energía arrolladora que le inyectan los jóvenes a todo el evento.

A continuación, les llegó el turno a las comparsas. Los títeres gigantes, los complejísimos atuendos y también los disfraces hechos a último momento, todos representan por igual el orgullo de quienes los lucían. Porque de ningún modo es una exposición de muñecos o coloridos uniformes, la Farándula es en realidad un desfile de las risueñas y enérgicas personas que las portan. Es una postal de rostros sonrientes, de actuaciones solemnes y de muestras de alegría. Y así lo hicieron notar aquellos que caminaron y bailaron en la calle para trasmitir su felicidad y emoción a los espectadores.

Pero no crean que la Farándula terminó al pasar la última comparsa, todavía quedaban las horas nocturnas en que los estudiantes, los niños y los padres tenían al fin un descanso. “La Konga” tuvo el privilegio de tocar frente a tan eufórico público. Los lavallinos de todas las edades los apoyaron y cantaron con ellos para sumar un condimento más a una noche brillante por donde se la mire. En lugar de volver a sus hogares por unas merecidas horas de sueño, compraban algo para cenar entre los kioscos de las escuelas para pasear por la plaza o desde las mesas y bancos contemplar el colorido y eufórico paisaje de toda la juventud del departamento, orgullosa del éxito de la que es, y siempre ha sido, su fiesta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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