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4 de agosto de 2025

Transnitria vs Grafton. Todo es concebible pero algunos proyectos no funcionan

  •   Por Carlos Almenara
           

Transnitria

Una reciente publicación de Infobae, de las habitualmente llamadas “notas de color”, relata el viaje del turista rosarino Maximiliano Bagilet a “un país que no existe” pero tiene presidente, fronteras, ejército e himno nacional. Se trata de Transnitria, una región que se declara independiente de las autoridades moldavas.

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https://www.infobae.com/sociedad/2025/07/14/un-argentino-en-un-pais-que-no-existe-y-donde-sus-habitantes-viven-como-en-los-anos-50-no-hay-lujo-ni-diferencia-de-clases/

Transnitria sería tras el río Dniéster, la región que se encuentra al este del río hasta la frontera con Ucrania. En 1990 se desató una guerra entre las autoridades de la independentista República Moldava Pridnestroviana (Transnitria) y Moldavia que se saldó con provisorio alto el fuego que dura hasta el presente.

El tema de este texto no son los vericuetos del independentismo transnitrio sino las experiencias del turista Bagilet. ¿Qué vio por esos lares?

 “Vi al menos cien estatuas de Lenin en toda la región. En el hostel donde me alojé me recibieron con un busto de Lenin y una bandera de la Unión Soviética. El mobiliario, las estructuras edilicias, todo está ambientado como si estuvieras en los años 50”.

“Cada pueblo tiene su plaza soviética, su escuela soviética, sus edificios soviéticos. Es como estar en la Unión Soviética sin haberla vivido. No hay lujo, ni marcas, ni diferencias de clases sociales. Todos tienen lo justo”.

“No ves gente en la calle, ni villas, ni mendigos. No tienen mucho, pero tienen lo mínimo indispensable. Es un modelo socialista entre comillas, con todos más o menos igual”.

“Podés caminar a las doce de la noche y no pasa nada. No hay robos. Culturalmente, eso viene de los años de opresión soviética. El delito común no existe”.

Bagilet nos relata un socialismo al que le pone comillas. Los habitantes no tienen mucho pero tienen lo indispensable. No hay gente en la calle, no hay hambre. No hay inseguridad. En fin, viven, no es una sociedad entrópica, es decir, no se destruye a sí misma.

Demos vuelta la página.

Grafton

Grafton es un pueblo de noreste de los Estados Unidos, del estado de New Hampshire, fronterizo con Canadá. Unos 200 libertarianos decidieron sumarse a los que ya vivían en ese pueblito para realizar un experimento: se gobernarían de acuerdo a sus reglas, es decir, sin reglas. Y sin Estado.

Digo libertarianos y no libertarios, como suele utilizarse, para no confundir los anarcocapitalistas de moda con los anarquistas libertarios proletarios de principios de Siglo XX.

¿Qué pasó cuando pudieron imponer su destrucción del Estado?

Se rompieron las calles, transitar era muy dificultoso, toda la actividad cultural se vio resentida. Se sumó que los libertarianos son personas (en general hombres) de armas llevar y EEUU un país de permitirlo. Aparecieron los primeros homicidios en Grafton. No había policía, sólo quedaba un guardia.

Nadie recogía la basura. Era una mugre. Los osos encontraron en la basura humana una fuente de alimentación. Entonces vinieron en masa y comenzaron a atacar a la gente.

El experimento comenzado en 2004 duró hasta 2016 y el saldo fue un fiasco gigante.

En esta nota de la BBC se puede leer la historia del experimento de Grafton.

https://www.bbc.com/mundo/articles/c13mx6kk2pdo

Del dicho al hecho

Ya hiciste la relación de Grafton con el discurso de Milei. Se dice libertariano (libertario), abomina del Estado, se presenta como el topo que viene a destruirlo. Lo mismo que los militantes del pueblo de New Hampshire. Pero Milei no hace lo de aquellos libertarianos. No deja un único policía, gasta fortunas en material represivo. No deja que cada quien haga lo que quiera, establece regulaciones estrictas y policías bravas que maltratan a quien se le ocurra. No libera las variables económicas, interviene el precio del dólar, la tasa, emite fuertes cantidades de dinero, manipula encajes bancarios, todo muy lejos de su prédica. Tampoco demolió el Banco Central como había prometido. Es decir, Milei en su rol de presidente parece más un viejo conservador autoritario de los que tantas veces han mandado en Argentina (generalmente en dictadura) que un utopista libertariano. Sin embargo, su prédica continúa, se ve a sí mismo como “libertario” y se siente dando una batalla cultural.

Casi todo es concebible

Quizá lo único positivo del indescriptible hato de degenerados que ocupa la Casa Rosada es que desplegaron un discurso utópico que nos recuerda que los acuerdos institucionales son convencionales, histórica y socialmente situados y que se puede predicar un horizonte nuevo. Lo que un día parece “natural” al tiempo parece descabellado, lo que en un momento aparenta carecer de alternativas, en otro se hace de modo distinto. Pocas cosas, si las hay, son indefectibles en la vida colectiva. Lo que hoy parece indiscutible, como por ejemplo el individuo, la categoría individuo como la base para entender la sociedad, es una construcción conceptual de los últimos cientos de años, otrora eran relevantes otras categorías, como clanes, familias, tribus. Lo mismo para los Estados nacionales, para los modelos de familia. Pero no todo es igual.

Si Milei postula su utopía de crueldad, individualismo y destrucción del lazo social, ¿cómo no desplegar una utopía contraria, una de la igualdad, de solidaridad, de responsabilidad, de vida?

La única diferencia es que la utopía de Milei no funciona. Es entrópica, se destruye a sí misma, lleva a la muerte. Y como demuestra Milei con su gobierno, su función es la de un relato para justificar el saqueo de los bienes públicos, la concentración de la riqueza por desposesión de las mayorías.


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