El año comienza con sacudones. El 3 de enero Estados Unidos bombardeó Caracas y otras ciudades venezolanas y secuestró a Nicolás Maduro y su esposa.
Sobre el ataque quedan muchas dudas, especialmente, por la escasa resistencia de una fuerza armada y milicias a las que la incursión no pudo haber sorprendido. Hace meses una flota militar, incluyendo al que llaman “el portaaviones más grande del mundo”, amenazó con hacerlo a pocos kilómetros de sus costas. Ya mataron más de 100 pescadores, en lanchas indefensas, desarmadas, acusándolos de narcotraficantes. No probaron su acusación ni a uno sólo de ellos. Con semejante poder de fuego podrían haber detenido las lanchas, llevado los acusados a juicio y preservar las pruebas; no lo hicieron porque seguramente la mayor parte eran pescadores sin relación con el narco. Se trató y se trata de un bloqueo y de asesinatos indiscriminados a población civil.
Ahora concretan la aprehensión de Maduro y, lo más incomprensible, de su esposa. Las deducciones indican que la detención de Cilia Flores sólo tendría sentido como extorsión a su marido. La mafia conoce bien esos métodos y Estados Unidos más aún. La información parcial habla de un ciberataque que dejó Caracas a oscuras e impidió las comunicaciones. Los bombardeos dejaron más de 40 muertos y más de 100 heridos, civiles y militares.
El ataque es una violación flagrante del Derecho Internacional. La captura al presidente en funciones de un país extranjero, en su propia residencia, por una potencia, impide cualquier construcción narrativa de un orden, no ya basado en, sino, mínimamente relacionado con el derecho. Como hemos dicho anteriormente, es llamativo que no suene más fuerte la necesidad de trasladar la sede de la ONU de Nueva York hacia algún lugar, si no neutral, al menos, con un gobierno menos delictivo.
Con la modestia y sensatez que lo caracterizan (es decir, la ausencia de dichos atributos), Donald Trump anunció que Estados Unidos administraría Venezuela hasta una transición ordenada. Hemos aprendido a no tener certezas sobre el futuro, pero si algo no hay en el presente (escribo esto el 4 de enero), es dominio estadounidense en las calles venezolanas. Al contrario, hoy mismo vemos decenas de miles de ciudadanos en las calles de Caracas reclamando la libertad y repatriación de su presidente. EEUU puede atacar con aviones, helicópteros y grupos comandos, puede sobornar para infiltrarse, como se jacta de haber hecho, lo que no puede hacer es gobernar al pueblo venezolano, salvo a un alto costo en vidas humanas estadounidenses, que no parecen dispuestos a pagar. Por eso, lo único que seguramente no harán será una invasión terrestre para estacionarse en el país. En todo caso, delegarán en “virreyes” locales la tarea, pero hoy no es claro que puedan hacerlo.
Trump amenazó a la vicepresidenta encargada, Delcy Rodríguez, diciéndole que “si no toma las decisiones adecuadas” tendrá peor suerte que Maduro, lo que es prometerle la muerte. Como ejercicio, hoy abstracto pero en el futuro no sabemos, podríamos alegar que cualquier decisión del gobierno venezolano que favorezca a EEUU o a sus empresas puede reputarse nula por ser obtenida bajo coacción.
Los cambios prácticos y teóricos de lo que EEUU llamaba “doctrina de defensa nacional” y ahora “estrategia de seguridad nacional” explican en buena medida el abandono del imperio de excusas y de respeto a marcos jurídicos supranacionales. También la mirada hacia América Latina.
El continente todo está bajo una amenaza inédita. Pero esto no es lo más llamativo, lo insólito es el apoyo de algunos gobiernos y parte de la población a la sumisión de nuestros países al imperio. El más bizarro de todos los vendepatrias, el más ridículo e infame, Milei. Ya no queremos hablar de él porque es como revolver excremento y eso espanta lectores. Sin embargo, muestra que la primera dimensión de la lucha por reconstruir nuestras Patrias o, mejor, nuestra Patria Grande Latinoamericana, es contra los cipayos de adentro.
Volviendo a Venezuela, el consejo más pertinente lo dio Nicolás Maduro Guerra, hijo del presidente: “quieren sembrar cizaña, no lo van a lograr, quieren sembrar dudas, no lo van a lograr, no lo pueden lograr. Después la historia dirá quiénes fueron los traidores. Lo veremos. Nosotros debemos concentrarnos en sacar la Patria adelante, en levantar las banderas de Chávez y en traer sano y salvo a Nicolás Maduro Moros y a Cilia Flores”.