A un querido labriego
Amanecía en el pueblo,
pueblito bien campero,
donde cada día
sembraba aquel Labriego.
Amanecía, y don Julián
apenas divisaba en el horizonte
ese fulgor entre rojizo y naranja;
dispuesto estaba para empezar el jornal.
Doña Pellita, el mate preparaba,
el té, el yerbeado, y cada uno
a su tarea se encaminaba:
a la escuela, limpiar la casa;
mi padre el arado empuñaba.
Así, desde el alba hasta el ocaso,
entre ciruelos y olivares,
abriendo surcos, iba sembrando
semillas de ilusión, que daban fruto
cada año.
Sembró así cada día,
con esmero y esperanza
en el querido Vergel,
que lo vio llegar y marcharse un día.
Hizo quintas de ciruela,
cuidó hectáreas de olivos
cultivó sus chacritas
en cada estación,
y en los carneos era el mejor.
Si alguna tormenta azotaba
dejándolo sin cosecha,
nunca lo venció la tristeza.
valiente cual un soldado
al otro día retomaba
su labor.
Era casi analfabeto,
pero sabía del tiempo,
cuándo brotarían los frutales,
cuándo estaba preparado el suelo.
buen jugador de bochas
truquero por excelencia,
colaboró en las escuelas.

Lavalle es arte: compartimos un poema de Noemí Torrecilla

Lavalle: Tierra de poetas

Esos ojos azules (Un relato en tiempos de dictadura)

San Martín, Jocolí y Don Alejo: una historia que vale la pena rescatar en Lavalle

Sportivo Lavalle: un histórico club camino al centenario…

Versos sencillos para recordar la historia de 3 de Mayo