Estudiantes de la escuela «Tito Francia» de Jocolí llegaron a la apicultura casi sin saber de abejas. Hoy tienen colmenas, premios y ganas de seguir aprendiendo.
Primero escucharon que llamaban a la escuela. Después, otro llamado. Y otro más.

Naomi y sus compañeras estaban en el stand de la escuela en la 29ª Expo Apícola de Lavalle. Cuando escucharon que anunciaban nuevamente a la institución, salieron corriendo hacia el escenario. Tenían miedo de que fuera un premio y que ellas se lo perdieran.
No fue uno. Fueron seis.
La escuela de Jocolí obtuvo el primer premio en Mieles Oscuras del Departamento de Lavalle, el segundo en Mieles Claras y cuatro terceros premios en las categorías correspondientes a Mieles de Mendoza y de Argentina.

«Fuimos corriendo, subimos, estábamos todos felices, nos empezamos a sacar fotos y llamaron a la escuela otra vez», recuerda Naomi. Y así estuvieron un rato: subiendo, bajando, volviendo a subir. Hasta que llegó el último reconocimiento.
«La directora se había quedado con ganas de decir un discurso y no queríamos que no nos íbamos a subir más. Subimos una vez más para recibir el último premio y la directora pudo dar el discurso. Así que sí, fue muy emocionante en el momento».
La escena dice bastante de lo que está pasando en la escuela. Porque detrás de esos premios hay algo que empezó mucho antes.
Naomi está en cuarto año. Cuando llegó a la escuela Tito Francia, la apicultura no estaba precisamente entre sus intereses. «Yo no sabía mucho, no me interesaba», cuenta.

El taller técnico y el trabajo con las colmenas fueron cambiando esa relación. Empezó a aprender, salió al campo con la profesora Flavia Sánchez, conoció las abejas, llevó miel y se metió de a poco en un mundo que terminó llamándole la atención.
«Mientras iba aprendiendo fui con la profe también y trajimos miel, fuimos a ver las abejas». Ahora incluso está buscando tener un par de colmenas en su casa. No necesariamente piensa convertirlo en su profesión cuando termine la escuela, pero sí imagina la apicultura como una actividad para seguir haciendo.
En su casa, además, la miel tiene público asegurado. «Tengo a mis tíos, mis abuelos, todos consumen miel. Cada semana me hacen venir a buscar miel a la escuela», cuenta entre risas.
Madelem también está en cuarto año y empezó con las abejas el año pasado. Su primer acercamiento fue más bien teórico: conocer cómo está formada una colmena, los distintos tipos de abejas y las funciones de cada una.
Pero recuerda especialmente el primer día en la finca de Graciela, una vecina que presta un espacio de su finca para que la escuela pueda tener su apiario. «A mí el traje me quedaba enorme y yo andaba ahí, parecía embolsada con el trajecito blanco», cuenta.
El traje le quedaba grande, pero la experiencia fue enorme. «Fue una experiencia muy hermosa ver cada parte de las abejas, ver extraer la miel, ver cómo la podemos trabajar, las diferentes cosas que hemos hecho con ella».
Este año apareció además una nueva curiosidad: la hidromiel. «Es algo que me encanta y es un proceso que sí me gustaría tener en un futuro».
Madelem no oculta tampoco una preocupación que atraviesa buena parte de la actividad: que la apicultura siga siendo vista como un trabajo exclusivamente masculino. «Es algo que se practica mucho con hombres, pero yo conozco a la profe Flavia y he conocido a muchas mujeres más que lo han hecho». Y deja una invitación: «Que se animen, que lo intenten».
Yoselin todavía está en tercer año. Todavía no llegó a extraer miel, pero ya conoce las partes de la colmena, las abejas, la miel y los diferentes productos que pueden obtenerse. Está esperando el momento de probar nuevas herramientas y participar de la extracción. También quiere experimentar con la elaboración de miel saborizada.
Por ahora, la apicultura es para ella una posibilidad que está empezando a descubrir. Después de la escuela tiene otros planes, pero reconoce que la actividad le interesa. Su mensaje para quienes todavía miran una colmena desde lejos es sencillo: investigar. «Yo creo que intenten averiguar un poco más sobre las abejas y que vean».
Naomi coincide, especialmente con quienes sienten miedo de las picaduras. «Hay muchas personas que le tienen un miedo grande a las abejas. Que saquen ese miedo y que vayan, descubran e investiguen. Capaz les gusta y les apasiona seguir con la miel».
Los inicios
La historia de la apicultura en la Tito Francia no comenzó con los premios. Flavia Sánchez, ingeniera agrónoma, apicultora y docente de la institución, cuenta que la escuela tiene colmenas prácticamente desde sus comienzos.
«Un par de colmenas trajeron en su momento y se consiguió un extractor manual, pequeñito de cuatro cuadros», recuerda. Sánchez ingresó a la escuela en 2006. Dos años después, la llegada de financiamiento del INET (Instituto Nacional de Educación Tecnológica, hoy desfinanciado por el Gobierno Nacional) permitió destinar recursos a la compra de colmenas. También comenzaron a capturar enjambres y a crecer de a poco.
Las distintas gestiones directivas fueron acompañando el proceso y, según Flavia, hubo algo fundamental: estudiantes con ganas de salir del aula. «A los chicos siempre les gustó hacer las salidas a las colmenas».
La docente también conoce la actividad desde su propia experiencia. Empezó a los 21 años y con los años, encontró también otros caminos dentro de la apicultura, como la comercialización y la elaboración de subproductos, actividades que permiten agregar valor y que no dependen necesariamente del trabajo físico con las colmenas.
Mucho más que un premio
En el concurso, las mieles fueron evaluadas a ciegas por seis personas. Se tuvieron en cuenta características olfativas y gustativas, textura, pureza y homogeneidad, entre otros parámetros. En total participaron 24 muestras.
Para Flavia, el resultado también permitió poner en valor la miel producida en Lavalle. Las muestras de la escuela Tito Francia estuvieron entre las más premiadas junto con la de un productor de Tres de Mayo, Sergio Torés.
Pero quizás el resultado más interesante no se pueda medir en puntos ni en diplomas. Está en Naomi pensando en tener colmenas en su casa. En Madelem imaginando la hidromiel como un proyecto futuro. En Yoselin esperando el día de ponerse a trabajar con los nuevos materiales.
Y en las tres hablando de las abejas con una curiosidad que antes no estaba. La Expo terminó y los premios volvieron a la escuela. Las colmenas, en cambio, siguen ahí, esperando la próxima clase.

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