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25 octubre, 2020

Los productores de ajo, con el precio por el suelo

  •   Por El Despertador
           

Esta semana se verá por callejones, calles y rutas de Lavalle gran cantidad de camiones cargados de ajos recién cosechados. Es la producción de familias lavallinas que quedarán, por las próximas semanas, sujetas a la especulación y los ánimos usurarios de galponeros e intermediarios que tiran el precio por el piso. En esta nota te contamos, en la voz de una productora de Jocolí Viejo, un productor de Tres de Mayo y un especialista en el tema, sobre las vicisitudes del mercado de este producto tan lavallino.

Cada año alrededor de esta época comienza la cosecha de ajo en nuestro departamento. Y cada año también, se da un fenómeno donde las familias productoras, y sobre todo los y las agricultores familiares, sufren la especulación de los más grandes. “Si nos pagan así no vamos a producir más ajo” expresó Sergio Fuentes en diálogo con El Despertador.

Fuentes es productor de ajo y docente, hijo de una de las primeras familias bolivianas que se asentó en nuestro departamento, y forma parte del Centro de Desarrollo Intercultural Lavalle (CDIL). Produce ajo y melón en Tres de Mayo, siguiendo las tradiciones familiares. Hoy, desde el CDIL están organizándose para que las familias productoras juntas puedan pelear el precio. “El precio del ajo está muy bajo, no es razonable, no cubre para nada la rentabilidad de los productores, que nos agachamos todos los días en la chacra para llevar esta actividad que da trabajo a cientos de familias y miles de obreros” manifestó el ajero.

En Lavalle se cultivan entre 1000 y 1500 hectáreas de ajo cada año, “la mayoría de los productores de Lavalle producen de 3 a 5 hectáreas, si hablamos de un productor más grande son 10 a 15 hectáreas” informó Fuentes. Sobre el precio manifestó que “hoy pretendemos que se nos pague 80 pesos el kilo, cuando nos están ofreciendo 20 o 30 pesos” expresó. “Esta semana nos han venido a ofrecer 20 y 21 pesos” informó Celeste Álvares, con quien también conversamos.

Celeste produce ajo con sus 7 hermanos y su madre, en la zona de Jocolí Viejo, “desde que tengo memoria mi padre ya producía ajo” contó. También es docente de economía en Lavalle y es descendiente de bolivianos, como quienes integran el CDIL. Sobre la situación actual Celeste explicó que “los insumos tienen costos muy altos y estamos peleando por el precio, porque si lo tenemos que vender al precio que hoy están ofertando directamente no recuperamos ni siquiera lo que invertimos”.

El ajo es un producto que “aguanta” un buen tiempo, es decir, no se hecha a perder tan pronto, y eso permite acopiar para esperar buen precio, pero eso es algo prácticamente imposible para las familias de la agricultura familiar. En ese sentido Sergio Fuentes expresó que “los galponeros se abusan de la necesidad de la gente, hay gente que necesita vender para darle de comer a sus hijos”.

Asimismo Celeste Álvares explicó que “nosotros lo vendemos verde en rama porque necesitamos el dinero para seguir plantando, porque la tierra es nuestro sustento”. Los intermediarios se aprovechan de esta situación y comienzan la temporada pagando poco y no al contado: “los galponeros pagan en cheques a 30 o 60 días, y a veces los hemos tenido que ir a buscar a sus casas para que nos paguen” explicó la productora. Por su parte, Sergio Fuentes, consciente de lo que produce explicó: “el ajo se exporta en su gran mayoría, a Brasil, así que el ajo debe acompañar al dólar, por eso es el intermediario el que gana y deja de lado los pequeños productores, por eso pedimos que el kilo valga como el dólar, 80 pesos”.

El CDIL, en el que confluyen un centenar de familias productoras de Lavalle, es relativamente joven y entre sus objetivos “queremos que todos los productores se unan, para que defendamos nuestro trabajo, es un esfuerzo que necesita un apoyo, queremos hacernos escuchar, los compradores muchas veces nos ven callados y nos ofrecen un precio que no es justo”, manifestó Álvares.

 

Con respecto a la ayuda del estado, tanto Fuentes como Álvares, expresaron que están por encarar gestiones con la provincia para ver qué apoyo pueden encontrar. “Necesitamos algo como el Instituto Nacional de Vitiviniculura, donde se regule el precio y otras cosas” dijo el tresmayino, pero en el mientras tanto delinearon una estrategia para poder negociar un mejor precio: “nos estamos tratando de organizar para ver si los productores no vendemos todo junto, que se venda una pequeña cantidad para poder cubrir las necesidades más urgentes, y ahí esperar un poquito más para ir viendo qué pasa con el precio”.

La opinión de un especialista

Consultamos al ingeniero agrónomo José Luis Burba, especialista en ajo, trabajador jubilado del INTA, acerca del comportamiento del mercado de este producto para poder comprender el padecimiento de las familias productoras, quien informó que “Argentina no está en condiciones de fijar precios, China es el que manda el mercado a nivel mundial ya tiene una producción monstruosamente grande y todos bailamos al ritmo de ellos”. Las exportaciones chinas aportan 1.500.000 toneladas, mientras que Argentina (fundamentalmente Mendoza y San Juan) sólo lo hacen con 80 a 100 mil toneladas.

En nuestro continente el especialista explicó que “Argentina está muy atada a Brasil y Brasil está muy atado a los caprichos de China, o sea que si queda remanente de ajo chino en Brasil, nos cuesta a nosotros colocar la producción”. Sobre las políticas locales para mejorar las condiciones de negociación Burba expresó que “Mendoza y San Juan están cometiendo el error de querer presionar sobre los mercados con producción muy temprana, en este momento todavía Brasil tiene ajo propio, entonces las expectativas de mejora de precios pasa únicamente porque Brasil quiera aumentar su consumo, pero si no es así va a ser una temporada normal”.

Al inicio de campaña, es decir en este momento, cuando se empieza a cosechar, el ajo no tiene el precio formado. Es ahí, o sea ahora, cuando los intermediarios se aprovechan de los más chicos, “¿qué hacen los acopiadores?” se pregunta Burba, y se responde “compran al menor precio posible, y cuando digo compran no quiere decir que paguen, siempre los pagos son diferidos a la espera de que el precio mejore”.

También afirmó que “la pretensión de un mayor o menor precio tiene que ver con la forma de vender de los productores, es decir, ‘verde en rama’ es una historia, ‘seco en rama’ es otra historia, y ‘cortado’ es otra historia, son las 3 modalidades que habitualmente se hacen, pero lamentablemente los productores se inclinan por vender ‘verde en rama’ lo más temprano posible”, sacrificando un mejor precio.

Consciente de que a los y las agricultores familiares les cuesta aguantar la venta expresó: “el consejo sería tratar de retener la mercadería, pero se entiende que la gente, luego de 8 meses, quiere vender lo más rápido posible, y más en la crisis que se está viviendo”. Pero no siempre esa venta tan rápida redunda inmediatamente en el bolsillo de la familia productora, porque, como decíamos, los galponeros pagan mal y tarde.

Consultado sobre la realidad de los pequeños productores el agrónomo pronosticó que “si Mendoza y San Juan cambian su estrategia, es decir, si los productores se juntan, no venden su ajo a granel, lo cortan en finca, lo que les permite mejorar el precio, y se inclinan por ajos colorados o blancos clásicos y no tanto por los mal llamados chinos, la situación podría mejorar sin ninguna duda”.

También se quejó de que “no hay políticas de estado que colaboren con esta situación, es un viejo anhelo que hemos peleado en el INTA durante muchos años, así como se forman los bancos de vino, que se forme algo parecido con los ajos, es decir que la mercadería sirve como garantía del crédito, lamentablemente para los bancos el pequeño productor no es sujeto de crédito, ahí hay un nudo muy difícil de desatar”. Insistió en que “el productor se defiende mucho mejor si vende el ajo cortado y es poco posible que lo engañen con el tema de las mermas, que es otro problema que tiene el sector productor, el galponero pone las mermas a ojo: ‘acá hay mucho chico, acá hay mucha tierra, hay mucho lastimado’ entonces le descuentan entre el 10 y 30 por ciento, hemos visto cosas usurarias” dijo indignado.

También sobre las políticas públicas explicó que existe un error de lectura: “el estado sigue creyendo que los ajeros son uno sólo, porque ven que ingresa mucha divisa a la provincia y para ellos el sector, como lo llaman equivocadamente, no saben que está subdividido, y hay productores chicos, sacrificados, que son el 60 o 70 % de la producción de Mendoza, y dicen: si ganan plata no tenemos por qué ayudarlos”. Y a la vista está que los que ganan plata son los galponeros e intermediarios exportadores.

Una vez mas más, cómo dijo un pensador contemporáneo “el hilo se corta por lo más delgado”, y es la familia que cada día transpira la camiseta en la chacra la principal perjudicada por la especulación de unos pocos. Pero parece que hay ganas de que la tortilla se de vuelta.

 

 

 

 


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